Hay abrazos de bienvenida. Y otros de despedida. Lagrimas que se contienen, y otras que se dejan ir. Puede ser fuerte, o protector, puede reconfortar, puede calmar.
En un abrazo se puede decir todo sin necesidad de que los labios vengan a estorbar. En un abrazo se entrega medio alma y el otro medio se te va.
Hay abrazos de felicidad. Abrazos que se te quedan clavados, hay abrazos que siempre te quedas con ganas de dar. Hay abrazos que rompen esquemas. Hay abrazos que buscan un por qué. Hay abrazos tiernos, fieros abrazos, abrazos y abrazos que gritan “quédate así para siempre”.
Hay abrazos que te hacen llorar, y otros que te hacen sonreír. Hay abrazos que te duelen cuando es el último por llegar. Hay un primer abrazo, que siempre te hace sentir especial.
Hay abrazos en los que te sientes segura y no necesitas más. Hay abrazos que calman tanto que te invitan a dormir. Abrazos de perdón, de duda, de desilusión contenida.

No me gusta perder cuando juego, digo la verdad cuando miento

Siento algo tan fuerte adentro, unas ganas tremendas de llorar.

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