Me despierto en la oscuridad, no tardo en recordar el motivo. Lo comprendo todo, nada como ansiar tus palabras en esta noche de frío. Ya no importa nadie mas, solo quiero que seas mi felicidad. Escucho la lluvia por la ventana y no hay cosa que quisiera más que estar recostada a tu lado sosteniéndonos la mirada. Una noche cerrada en donde tus ojos serian más que dos mil estrellas iluminando con su resplandor cada centímetro de mi tierra. Las hojas bailan al compás del viento, así como ese suave movimiento, quisiera que acaricies mi pelo. El deseo de tenerte cerca aumenta casi sin que me de cuenta, como podría aguantar una noche mas sin tu tibio abrazo desarmándome en pedazos. Miro la hora, ha pasado un largo rato, sin notarlo el tiempo corre a su ritmo y nosotros nos detenemos en el espacio. Me reconforta saber que al salir el sol esto no se olvida, continuas en mi mente hasta la noche del siguiente día.

Quiero tocar tu cielo, reinar en tu reino y enloquecer con vos, vivir y morir en tus pasos porque yo sola ya no se por dónde caminar ni por donde pisar.

Debo contarte que te extraño un montón y no aguanto ya volver a verte. Me perdí y creo que ya no puedo regresar. Ya no voy a regresar por que te vi.

“El futuro llegó hace rato” y bendijo a dos almas que andaban buscándose. Aprendiendo poco a poco dando al tiempo su lugar, disfrazándose de locos a ojos de todos los demás. Sin darse nunca la espalda, leyendo del corazón, que empatar puede significar que ganen dos

tenerte cerca y no poder tocarte

No hay comentarios:

Publicar un comentario