Las auroras de tus ojos,
auroras que vuelven a ser mias,
reflejan el fulgor de tu alma pura,
libre de cenizas.
En ella la ternura, donde
los dolores se estremecen
y consolidan el amor valiente.
Son tus caricias que turban
donde el placer anida.
Es tu voz cuando me roza
me hiela y sofoca.
Con ella comprendo la
mutua correspondencia,
toda la existencia.
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