Le buscaste en los libros, 
y un día el corazón te dijo: 
«aquí está», y desde entonces ya sois uno, 
ya sois uno los dos, porque le amas. 

No podrían separaros 
ni el placer de la vida 
ni el dolor de la muerte. 

En el placer has de mirar su rostro, 
en el dolor has de mirar su rostro, 
en vida y muerte has de mirar su rostro. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario