»Fue la última vez que te vi. Pasaste rozando con tu cuerpo las ramas del paraíso que está en la vereda y te llevaste con tu aire sus últimas hojas. Luego desapareciste.
Yo te pedí que regresaras...
Había una luna grande en medio del mundo. Se me perdían los ojos mirándote. Los rayos de la luna filtrándose sobre tu cara. No me cansaba de ver esa aparición que eras tú. Suave, restregada de luna; tu boca abullonada, humedecida, irisada de estrellas; tu cuerpo transparentándose en el agua de la noche.»
El sol se fue volteando sobre las cosas y les devolvió su forma. La tierra en ruinas
estaba frente a él, vacía. El calor caldeaba su cuerpo. Sus ojos apenas se movían;
saltaban de un recuerdo a otro, desdibujando el presente. De pronto su corazón se
detenía y parecía como si también se detuviera el tiempo y el aire de la vida.
«Con tal de que no sea una nueva noche» , pensaba.
Porque tenía miedo de las noches que le llenaban de fantasmas la oscuridad. De
encerrarse con sus fantasmas. De eso tenía miedo.
Contigo aprendi que existen nuevas y mejores emociones
Contigo aprendi a conocer un mundo nuevo de ilusiones
Aprendi que la semana tiene mas de siete dias,
hacer mayores mis contadas alegrias, y a ser dichoso
yo contigo lo aprendi.
Contigo aprendi a ver la luz del otro lado de la luna
Contigo aprendi que tu presencia no la cambio por
ninguna.
Descubri, que puede un beso ser mas dulce y mas profundo
que puedo irme manana mismo de este mundo,
las cosas buenas contigo ya las vivi
Y tambien aprendi, que yo naci el dia en que te conoci
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