Habrá que aceptar lo que no tiene explicación, eso que ocurre sin que sepamos por qué. Ese absurdo que amarga nuestra existencia, eso que nos deja en soledad preguntándonos una y otra vez… por qué, por qué. Ese sin sentido que vuelve nuestra vida irreal, ese porqué que necesita una respuesta urgente. Esos porqués que desesperan. Cuando el absurdo es tan absurdo, ya nada importa. Quizás se trata de aceptar que en la vida hay cosas que no tienen explicación… o sí.
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